Durante décadas, la imagen del transporte profesional ha estado asociada casi exclusivamente a los hombres. Camioneros, conductores de autobús, maquinistas o profesionales del transporte de mercancías han formado parte de un imaginario colectivo muy masculino que, aunque poco a poco está cambiando, todavía sigue presente.
Hoy cada vez es más habitual encontrar mujeres conduciendo autobuses urbanos, autocares, camiones o trenes. Pero basta con observar muchas plantillas del sector para comprobar que todavía queda bastante camino por recorrer.
Y lo curioso es que este cambio llega precisamente en un momento en el que muchas empresas necesitan incorporar nuevos profesionales.
Profesiones que también están cambiando
Una parte del problema tiene que ver con la imagen que seguimos teniendo de estos trabajos.
Cuando pensamos en el transporte por carretera, por ejemplo, todavía aparecen ideas relacionadas con largas jornadas fuera de casa, esfuerzo físico o condiciones laborales especialmente duras.
Algunas de estas dificultades siguen existiendo, pero otras han cambiado considerablemente.
Los vehículos son cada vez más tecnológicos, la ergonomía ha mejorado, muchas operaciones se han automatizado y las empresas están revisando progresivamente sus modelos de trabajo.
Por supuesto, quedan retos importantes. Instalaciones adaptadas, áreas de descanso, horarios, seguridad o conciliación continúan siendo aspectos que pueden mejorar.
Pero precisamente por eso incorporar más mujeres puede ayudar también a acelerar esos cambios.
El círculo que hay que romper
Existe además una especie de círculo difícil de romper.
Hay pocas mujeres en estas profesiones porque tradicionalmente han sido consideradas masculinas. Y al haber pocas mujeres ejerciéndolas, las nuevas generaciones siguen percibiéndolas como profesiones masculinas.
Los referentes vuelven a ser fundamentales.
Ver a una mujer conduciendo un autobús o un vehículo pesado convierte algo que puede parecer excepcional en algo perfectamente normal.
Y esa normalidad importa mucho más de lo que parece.
A veces no hacen falta grandes campañas. Basta con mostrar la realidad de profesionales que ya están trabajando en el sector, conocer sus experiencias y desmontar determinadas ideas preconcebidas.
Una oportunidad para el propio sector
El transporte profesional tiene además otro reto por delante: el relevo generacional.
Muchas empresas tienen dificultades para encontrar conductores y atraer profesionales jóvenes. En ese escenario, ampliar la base de talento disponible debería ser una prioridad.
No parece demasiado lógico buscar desesperadamente nuevos profesionales mientras una parte importante de la población sigue percibiendo que ese mercado laboral no está pensado para ella.
Las empresas también tienen responsabilidad en ese cambio.
Procesos de selección inclusivos, formación, instalaciones adecuadas, políticas de conciliación y una cultura donde las trabajadoras puedan desarrollar su carrera en igualdad de condiciones son cuestiones básicas.
No basta con contratar mujeres para poder decir que la plantilla es diversa. Hay que conseguir que quieran quedarse.
Normalizar para avanzar
Probablemente llegará un momento en el que hablar de una mujer camionera, conductora de autobús o maquinista deje de parecernos especialmente llamativo.
Ese será, posiblemente, uno de los mejores indicadores de que el sector realmente ha cambiado.
Mientras llega ese momento, seguir dando visibilidad a quienes ya están abriendo camino resulta imprescindible.
Porque detrás de cada profesional que rompe con una imagen tradicional hay muchas otras personas que empiezan a pensar que ese trabajo también puede ser para ellas.
Y ahí empieza el verdadero cambio.